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Crónicas de la vacunación 2

Fui asignado para registrar a las personas en esta ocasión, por lo que mi labor fue en una mesa en la cual recababa datos y daba información a las personas que se vacunaban y que por sus características no pueden caminar bien o presentan dificultades motrices, por lo que tuve oportunidad de platicar con muchas de ellas y quienes les acompañaban.

Historias que contar

Los ojos de Felicitas.

Invariablemente me gusta mirar a los ojos de las personas con quienes interactúo, así que cuando llegó frente a mí la señora Felicitas alce la vista y me encontré con una mirada dulce y curiosa, Felicitas me cuenta que se llama así porque a sus padres les dio mucho gusto saber que vendría al mundo.

Tiene en su rostro las arrugas del siglo XX en el que le toco crecer, nació en 1932 en 11 años más cumplirá un siglo, y según me dice espera hacerlo, ha visto muchos presidentes, la segunda guerra mundial y muchas crisis, la trajo a vacunar su nieta ya que sus hijos trabajan.

A mí me pareció una niña, me recordó a mi hija cuando era pequeña y me preguntaba todo acerca del mundo que conocía.

Felicitas me pregunto por la vacuna, ¿que si era buena, que si de verdad las estaban aplicando, si iba a hablar ruso después? (en esta sede, la ENCB de Zacatenco, se aplicó la Sputnik 5) y ¿que cuando le tocaba la siguiente dosis?

Se despidió agitando los brazos y yo no pude más que pensar en todos los apapachos y cuidados que tienes que repartir para que la vida te permita ver tanto y seguir sonriendo.

José Luis.

Jose Luis acaba de cumplir 92 años, le gusta tomar pulque natural, así que le aconseje probar el de avena, casi no puede ver pero sus ojos llenos de nubes le dan un aire un tanto místico.

Trabajó muchos años en la compañía de luz y está jubilado, es viudo pero le gustaría tener una novia con quien platicar, pues aunque su familia lo cuida pasa muchas horas solo.

Venía muy limpio y planchado, orgulloso de portar el uniforme de su antigua empresa, me cuenta que le toco poner los primeros postes de luz en ciudad satélite y que nunca pensó que la ciudad crecería hasta allá.

Le agradezco que haya venido a vacunarse y le pido que no falte a la segunda dosis pues es importante que tenga la vacuna completa para estar bien protegido.

Me despido de él con la promesa de que en cuanto se pueda probaremos unos buenos pulques, pues según me dice ese es su secreto para vivir más, y la verdad si le creo.

Fernando y Antonio.

Antonio llega caminando le sigue de cerca Fernando, son hermanos uno de 65 y el otro de 66, Fernando es el mayor y “maneja” (si “Maneja”) una silla de ruedas eléctrica, de forma un tanto temeraria, Antonio le echas puyas por su habilidad, o sea le echa carrilla.

Fernando ha sido discapacitado toda su vida y Antonio le ha acompañado siempre, juntos tienen una pequeña empresa familiar y trabajan juntos para estar cerca uno del otro.

Fernando le reclama que sea tan lento y Antonio le responde que el es un “Rodriguez al volante”, en referencia a los Hermanos que dan nombre al famoso Autódromo Hermanos Rodriguez de la Ciudad de México.

Veo a través de las bromas y discusiones entre ellos ese amor filial que solo crece ante la adversidad y les deseo en silencio que vivan muchos años más pues me queda claro que cuando alguno fallezca el otro lo hará también de tristeza.

Me dan las gracias por la atención y se alejan discutiendo divertidos como dos niños traviesos que planean una gran broma.

Humberto y María del Carmen

Humberto es empujado por María, tiene 89 años y María 82, tienen 62 años de casados y aunque el ya no puede ver bien y se le olvidan las cosas ella amorosa contesta mis preguntas y me da los datos de los dos.

Lo mira con un cariño inmenso, tanto que me dan ganas de pedirle que sea mi abuelita por un día, y me pregunto si su familia sentirá como yo, en ese momento, una especie de veneración ante tanto amor, siento que es tanto que casi me puedo guardar un poco para momentos de emergencia, no les digo nada pero meto mi mano cerrada en mi bolsa y la abro ahí, imaginando que sí, que me puedo robar un poquito  aunque sea.

Le aconsejo que se vacunen de una vez los dos para que no tenga que regresar después ella sola, y que en la segunda dosis también le hagan así, juntos.

Guadalupe y Lupita.

Lupita tiene 71 años y Guadalupe su mamá 95, cuando le pregunto su edad Guadalupe solo sonríe y le dice a Lupita, “creo que soy muy vieja no hijita”, “Si Mamita ya estas viejita” y una lagrima asoma de sus ojos.

Lupita me cuenta que paso los primeros meses de la pandemia encerrada con su mama, temiendo que el virus se la llevara, y yo solo pienso en la suerte que es tener a tu mamá más de 70 años acompañándote y aconsejándote.

Reflexiones

Me queda claro que al ser humano le gusta la vida, la disfruta y que existen muchas personas que le han dado su vida a su familia y a su país, y que también hay muchas familias que reconocen el valor de tener a mamá a papá o a la abuela y abuelo todavía.

Y me siento contento de aunque sea un poquito ayudar a estas personas a tener un poco más de tiempo para que sigan disfrutando de lo que aman hacer.

También me llena orgullo por mi país el ver a tantas personas preocuparse por su familia y hacer el esfuerzo que hacen para cuidarles y procurarles una vida digna y llena de atención y amor.

De la fortuna que es vivir dando y recibiendo amor.

Mucha gente buena hace mucho y hoy el mundo, al menos para mí, no es tan gris.

Por: Netzahualcoyotl Paredes

Periodista, Fotógrafo, Gamer, Lector y Cinéfilo.
Presente en medios de comunicación desde el siglo pasado.
Ganador del Premio México de Periodismo en 2015.
Siempre busco pero no encuentro…